domingo, 1 de febrero de 2026

Crónica. Descenso barranco Cova del Pinar (1 febrero 2026)

Ya hacia algún año que tenía en mente descender este barranco. Había visitado varias veces el barranco principal en el que confluye, y hermano mayor, el Rincón del Olvido, pero la Cova del Pinar nunca la había descendido. Así que, viendo que la última crónica de Tracalet de este barranco databa del 2020, planteo su descenso para el próximo domingo 1 de Febrero. Para darle mayor atractivo a la salida y atraer participantes se me ocurre plantear para el mismo día un almuerzo como dios manda en la conocida Venta Nadal, en Penella, que viene casi que de paso, y que nunca defrauda. Todo un acierto. Se unen a la partida: Marilena, Salva, Merxe, Xavier, mi amigo Raúl a quien invito a la salida, y un servidor (Javi). 

Pues eso, lo dicho, que la Venta Nadal nunca defrauda, y siempre está a la altura. Después del descenso nadie se acordará de ir a comer, incluso hay quién asegurará que ni siquiera va a cenar esta noche… Menudo almuerzo nos hemos metido entre pecho y espalda: lomo, panceta, chuletas de cordero, cabritillo, huevos fritos, longanizas, morcillas, y postre !!!… un éxito, señores, conseguido antes del descenso, que iba a quedar en segundo plano. A ver quién es el/la valiente que se mete ahora en el barranco… pechada incluida… Habrá que dejar de remolonear y partir en busca del barranco.

 

Un plato con comida

El contenido generado por IA puede ser incorrecto. Comida en un plato sobre una mesa

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Son alrededor de las 11.45… Llegamos al parquin. No somos los primeros, claro, a estas horas… Un cartel nos anuncia que esta mañana hay batida de jabalí… El cielo está algo cubierto, algo plomizo, pero no llueve, ni amenaza con ello. Arrancamos la subida con todo el trasterío a cuestas. Preveo una cuerda para cada participante, así que todos vamos cargados, y todos tendremos algo de faena. La verdad es que todos llevamos las pilas cargadas debido al atracón de hace un ratito, pero, por otro lado, parece que nos da la sensación de que la subida nos “pesa” un poco más… Nos separan 250 m. de desnivel positivo hasta el puerto del Comptador, luego habrá que ir descendiendo hasta buscar el cauce. Desde allí arriba se avista la serra d’Aitana y su cumbre a la perfección, esplendorosa y dominadora del horizonte, paisaje que nos va a acompañar durante todo el descenso,

hasta los coches.

Un grupo de personas en una montaña

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Un hombre encima de una roca

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.Un hombre en una montaña de roca

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Un grupo de personas en moto en medio de un bosque

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El acceso al primer rápel discurre por una senda no siempre evidente, y que en ocasiones se estrecha y se difumina de forma confusa por la vegetación.  Pronto localizamos la primera reunión. El primer rápel sirve de acceso al rápel estrella, que es el que le sigue, el segundo, de 25 m., 20 de los cuales serán volados, cuya cabecera se sitúa justo encima de la parte superior de la cova del Pinar (que le da el nombre al barranco), y que en voladizo permite contemplar el interior de su abrigo desde el aire.

 Un hombre en una montaña

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.Personas en una montaña de roca

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Grupo de personas en una montaña

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El resto del barranco constituye una sucesión de rápeles, seis en total, casi encadenados, dándole un carácter vertical al descenso. El último rápel pertenece ya al Rincón del Olvido, que comparte retorno con la Cova del Pinar. No será sino en la base de este último rápel donde nos vayamos a reunir el grupo completo. Aquí nos quitamos los cacharros e iniciamos el retorno, también cuesta arriba, pero con la mitad de desnivel que en la aproximación. 

En unos 20-25 min estamos ya en los coches. A nadie se le ocurre plantear ir a comer (son las 15.30 aprox.), cosa que hubiera sido habitual si no nos hubiéramos metido el voluminoso almuerzo  de la mañana, pero sí ir a tomar una cervecita. Será en Benasau, que viene de camino a Valencia, donde haremos la última parada de la jornada para comentar las mejores jugadas del día y reunirnos de nuevo alrededor de una mesa, por supuesto.

Al final se ha quedado un día estupendo, meteorología incluida, y con una compañía maravillosa, como siempre, la de los amigos de Tracalet.

Javi M.

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