martes, 25 de junio de 2024

Barranco de Mátalo



 






























Redacción y fotos Mario


jueves, 13 de junio de 2024

Avenc de Quatretonda


El Avenc de Quatretonda es una de las simas más emblemáticas de toda la Comunidad Valenciana. Con
sus 168,5 metros de profundidad sin duda es una de los más espectaculares que se pueden visitar. Las
cifras están ahí: dos pozos concatenados de 100 y 50 metros respectivamente.

Y por ello, además de por el compromiso contraído con la federación de hacer mediciones de las diferentes cavidades del territorio, el domingo nueve de junio nos desplazamos hasta el municipio de Quatretonda, lugar de inicio del acceso a esta sima. Allí nos reunimos Minerva y yo (Félix) con Javi y Sara, desde donde tras almorzar agarramos el camino de acceso. Éste discurre por pistas en buen estado que a través de bancales y casetas en cuestión de 15 minutos nos deja en el parking.

Nos pertrechamos y organizamos el material para acometer el descenso, e iniciamos la aproximación de 5 minutos en suave pendiente.

Protegida por una reja, su boca, amplia, ya nos deja hacernos una idea de lo que hay más abajo. 

Decidimos que me encargue de la instalación, así que comienzo el descenso con Javi. Pasamanos para salir a la vertical, que de manera súbita nos deja con 100 metros de caída libre a nuestras espaldas. 

Equipada con anclaje químicos que buscan el descenso más cómodo a la par que los paños de roca más fiables, es sencilla de montar, si bien es preciso ir haciendo alargues de vez en cuando y tener en cuenta la orientación del mosquetón una vez que coja peso, ya que las argollas de los tensores son traicioneras.

                       

Poco a poco descendemos hasta encontrarnos en una repisa que obliga montar pasamanos para bajar los últimos veinte metros del primer pozo.

En forma de campana, a menos cien, el avenc se torna espectacular. De proporciones gigantescas, el volumen es enorme. La luz penetra de manera exigua hasta este nivel, dando un ambiente mágico al lugar.       

Continuamos montando un largo pasamanos de acceso hasta el segundo pozo. Hay que rodear un gran bloque para acceder a él ya que el acceso directo nos deja en una peligrosa zona de piedras.

Con tres fraccionamientos, él último de treinta metros, estamos en el suelo, desde donde ya caminando por un cono de derrubios, llegamos a la famosa garrafa concreccionada. Bajando un poco más, tocamos su cota inferior donde realizamos la medición de CO2. 

                           

                         

                         

                         

Y nada, a salir. Javi desmonta. Yo le apoyo con el peso del material. Poco a poco vamos deshaciendo el camino que, con el peso, se hace algo pesada.

                                     

Terminada la jornada deportiva, montamos mesa y nos dedicamos a hacer comida/merienda comentando los momentos del día y, como siempre, tramando nuevos planes.

Como siempre, gran día!

martes, 11 de junio de 2024

Barranco Mascún y Oscuros de Balced


Un fin de semana más el Tracalet se mueve. Esta vez toca hacer una visita a Guara con el objetivo de realizar el descenso del Mascún. Y como guinda del pastel, Oscuros de Balced.


Aunque el Mascún es un barranco más bien de primavera por su régimen de tipo torrencial, este año debido a las lluvias se ha mantenido con buen caudal hasta la fecha elegida: último fin de semana de mayo. De hecho, la previsión con respecto a Oscuros nos marcaba que podría ir alto incluso.


El viernes a primera hora de la tarde, nos ponemos en marcha. Dos coches. Carlos, Minerva y yo (Félix) en uno; y Jordi, Javi Masca y Arturo en el otro. Javi y Sara vendrán por su cuenta y nos reuniremos con ellos al día siguiente. Viaje apacible que nos lleva a Rodellar, donde hemos alquilado un apartamento, en apenas cinco horas.


Durante la cena se perfilan los horarios. Se decide hacer el sábado el barranco Mascún por su longitud y dejar para el domingo Oscuros.


A las siete de la mañana estamos caminando. Aproximación de tres horas según reseña que nosotros la dejamos en dos y media largas. Preciosa en sí misma, totalmente aconsejable como excursión senderista. Consiste en remontar el barranco desde Rodellar hasta coger el camino del despoblado de Otín, para ya ir a buscar el cauce tomando dirección noreste. Realmente espectacular, con un valor paisajístico incalculable y que como único reseñable aparte de su duración, es la cuesta que toca lidiar para llegar a la planicie de Otín. Bosque mediterráneo, sobre terreno kárstico que poca antes  de llegar al cauce nos deja zonas de conglomerado, todo ello rodeado de una exuberante vegetación.


A las 10:00 estamos cambiados y en la cola…así es este barranco. Uno de los más famosos de la península y de los más visitados. Entramos a las 10:40 y empieza la diversión. 

El saltadero de las Lañas. Salto de ocho, salto de dos, rápel de doce y salto de seis. Así, a lo tonto, para empezar. 


                                          

Hemos tenido suerte. Caudal medio y agua cristalina (y fría!). El barranco no ha podido empezar mejor.


Llegamos a las cascadas de Peña Guara. Salto de siete, salto de dos y rápel de doce. Qué disfrute de barranco!


                                          


Un poco de aquatrekking y enseguida estamos en los Oscuros. De lo más bonito que se puede ver en la vida, el cauce se interna en la roca, la cual forma una bóveda de veinte a treinta metros de altura. Y como hace curva, hay una zona donde apenas se ve, lo cual le da otro puntito más de emoción.


Llegamos a los estrechos que como colofón nos coloca en el Pozo Negro. Rápel divertido en el que te has de colar por una ventana en el suelo por donde cae el agua y que te deja al pie de un desfondado donde el ambiente que forma la roca y el agua es indescriptible.


                                              

                         

                                              


Un par de saltos más, un rápel y fuera. Nos toca andar hasta el Caos de Otín donde tres de los compañeros deciden esquivarlo. Los demás a disfrutar de los destrepes, un salto bonito y un par de rápeles más.


                                                  


Y a caminar. Paisaje de nuevo impresionante. Metidos en el cauce con agujas cuyos vértices se encuentran cientos de metros por encima de nuestras cabezas, rapaces sobrevolando el territorio, vegetación exuberante. En un par de horas estamos en Rodellar de nuevo. Y qué pesada se hace la subida hasta el pueblo!


                                               


Tarde de charla y noche de cena. Compartimos momentos del día, hablamos de planes pasados pero sobre todo futuros, y a dormir. Levantados desde las seis, con diez horas de actividad y veintiún kilómetros en el cuerpo no es excusa ligera para acostarse prontito, porque al día siguiente nos esperan los Oscuros del Balced.



                                        


Barranco corto, de media jornada. Pero con una de las aproximaciones más impresionantes que se pueden hacer. Tomemos estas caminatas como parte de la actividad y démosle el valor qu tienen. Desde el parking comienza la subida para en media horita larga plantarse en la misma pared del Balced cientos de metros por encima de su cauce. Con unas vistas dirección norte donde se contempla el gran corte que ha hecho en la sierra este río a lo largo de millones de años y al fondo, se pueden ver los picos nevados del Pirineo sobresaliendo entre todos ellos el Monteperdido. Por pedrera algo incómoda y de manera vertiginosa descendemos al cauce para encontrar un espléndido bosque de ribera por el que hay que caminar ya llaneando veinte minutos más.


Efectivamente va algo alto de caudal, pero totalmente practicable (normal-alto sería lo más correcto). El primer rápel es bajo cascada. No cubre así que sin peligro bajamos al caos donde culebreamos poco a poco. Más estético que deportivo, el barranco se nos va ofreciendo de manera amable. La pimienta la pone el ambiente. El rugir del agua, el juego de luces, los pasos entre las rocas. Es una experiencia tan sobrecogedora a veces que resulta complicada de describir. Llegamos al sifón que se pasa sin problemas y nos deja en los estrechos. Paredes que casi llegan a tocarse y nosotros encajados allí dentro, cientros de metros de roca por encima. 


               

El último rápel nos muestra la realidad del caudal. Tenemos movimiento a evitar. No te puedes quedar dormido si no quieres pasar un mal rato. Bajo primero a comprobarlo haciendo un rápel pendular. Salto a un metro de la superficie soltando la cuerda e impulsándome lejos. Y aviso: OJO, AL LORO!! Unos deciden saltar, otros montan un desviador recuperable. 


              


Un poquito más de caminar y nadar ya por cauce abierto y sin dificultad. 


                                



Y el retorno, media hora larga cuesta arriba que se hace algo pesado por el cansancio ya acumulado. Ayuda la sombra puesto que estamos rodeados de bosque.


                                       

En los coches ya, nos cambiamos y damos un bocado rápido. Volvemos a casa con un buen sabor de boca. 


Grandes!!