Empieza la sección de escalada de Tracalet!!!!
Nuestros estómagos nos dicen que se acerca la hora de comer. Es 10 de enero y un nutrido grupo de tracaleros y tracaleras estamos ultimando el inventario del almacén del club. Decidimos hacer un parón en las tareas para hacer lo que más nos gusta: compartir mesa y mantel. Ya en el bar, hablando con Mario, a quien tengo a mi lado, sobre algunas de nuestras inquietudes e intenciones próximas en cuanto a la nueva modalidad montañera que despierta nuestra atención e interés, la escalada, surge la primera salida tracalera de esta disciplina. Siendo que semanas atrás yo había detectado que varios de nuestros socios y socias también le estaban dando a la escalada, que tengo intención de retomar con mayor determinación que los años anteriores el deporte de la cuerda dinámica, y viendo que Mario también tenía ganas de volver a esta modalidad, decidimos durante la comida plantear una primera salida de escalada deportiva para todos los socios y socias del club. Así, propongo ir a Montesa el domingo de la semana que viene, donde me cercioro de que la lluvia se permitiría una tregua el fin de semana. La de Montesa es una escuela clásica de escalada deportiva de la provincia, muy conocida en el mundillo. Tiene vías deportivas de longitud poco considerable de varios y diferentes niveles, para todos los públicos, no queda demasiado lejos de Valencia para pasar el día, se encuentra en un bonito enclave junto al castillo de la población, la aproximación y retorno desde el coche hasta los sectores es de no más de tres minutos andando, y además, importante, tiene al ladito un pequeño, típico y pintoresco restaurante de la comarca, donde se come, se almuerza y se cena de maravilla; doy fe de ello. El Ramallar se llama el lugar (al restaurante me refiero).
A la salida finalmente se apuntan, además de Mario y un servidor, Raimon y Empar, y Xavier. Mario propone antes de partir hacia Montesa, almorzar en el Ramallar antes de empezar a subir vías. Nadie rechaza la propuesta.
Con el estómago lleno, como no podía ser de otra forma, cargamos las cuerdas y resto de trastos y andamos hacia las paredes calizas. La zona está bastante concurrida, no somos los únicos que apreciamos el lugar. Era de esperar. Allí nos dividimos en dos cordadas (Mario-Xavier, y Raimon-Empar-Javi), cuyos componentes vamos intercambiando y alternando a lo largo de toda la jornada. Instalamos las primeras vías, fáciles para empezar (IV, IV+). Empar, impaciente, sube a continuación. Se lo pasa pipa, no quiere bajarse de la vía… y quiere repetir !!!!!! Ja, ja, ja… !!!! Raimon sube después, pero baja enseguida…!!!
Después nos vamos alternando y todos vamos subiendo las vías montadas. Algunos probamos a hacerlas “de primero”, para ir calentando, y sintiendo y retomando sensaciones de temporadas anteriores. La mañana va transcurriendo y tras superar el cuarto grado nos atrevemos con el grado siguiente, el V, e incluso con una vía contigua con algún paso apretón que después nos informamos que, según la reseña, resulta ser de sexto grado (VI), en el que ya notamos una diferencia de nivel apreciable respecto al quinto (V). Entre vía y vía va pasando el tiempo, pero como hemos almorzado bastante bien y andamos entretenidos con la actividad, de vía en vía, subiendo, bajando, probando, asegurando, instalando, desinstalando, comentando las jugadas y entresijos de los pasos ... se nos pasa la hora de comer sin enterarnos…
Raimon y Empar marchan de vuelta a casa y nos quedamos Mario, Xavier y yo. Decidimos cambiar de sector y nos vamos el de enfrente, donde además da el sol, cuyo calorcito se agradece, razón por la que la mayoría de escaladores presentes aglutinan sus vías y sus pies (pies de vía). Aquí la cosa cambia, el grado en general es más exigente. Nos vamos primero a los quintos (V, V+), pero están ocupados, así que si queremos seguir escalando vías diferentes tendremos que enfrentarnos a las vías de sexto grado, nivel que ya no dominamos tanto, o nada en mi caso…
Aún así Mario se enfila sin dudar, “de primero”, a una vía de 6a+, cuyo paso clave no conseguimos superar ninguno de los tres de forma limpia…Y es que personalmente, noto un gran salto de exigencia técnica y de movimientos en la roca entre el 6a y el 6a+, que no creo recordar haber probado en temporadas pasadas… Probamos después con dos vías de 6a: ahora sí, nos merendamos los tres ambas vías !!!!! (toooooooma yaaaaaaaa !!!!!!!) pero no sin esfuerzo titánico, equilibrio y técnica más depurada que nos cuesta desempolvar y aplicar…
Volvemos a los quintos de al lado, que ya han quedado liberados, para darnos el gustazo de acabar la jornada (o eso creía yo) disfrutando a lo grande, sin mayores esfuerzos que los invertidos en las vías anteriores, pero ahora con unas vías de V+ totalmente verticales y mantenidas, pero con buenos cazos y pies, que nos hacen gozar de una escalada agradecida, disfrutona. Esta vez Xavier prueba de primero con éxito. Le seguimos después Mario y yo.
Antes de recoger trastos, volvemos a los sextos, a rematar una vía que nos había quedado pendiente porque estaba ocupada. Nos dicen sus anteriores inquilinos que en esta vía sale un 6a, y nos dan alguna pequeña instrucción para el paso clave, que está nada más empezar la vía, a su inicio, abajo. Así que decidimos darle con el resultado final de logro y conquista. Oeeeeeeeeee !!!!!!. Hemos acabado de forma plena y satisfactoria, por la puerta grande, a hombros. No se puede pedir más. A saborear el grado conseguido y la jornada junto a los compañeros.
Al final nos ha quedado una estupenda, gratificante, entretenida y satisfactoria jornada de escalada deportiva compartida con la mejor compañía, los amigos del club, que nos sirve para abrir la sección tracalera de escalada a la que esperamos que se unan más compañeros y compañeras, y que nos sirve también para ver, después de largo tiempo sin escalar mucho y de forma discontínua, cual es la soltura y habilidad que mostramos en la pared de roca y en qué grado nos movemos en esta disciplina, todo ello para afrontar nuevas vías en un futuro muy próximo que se nos echa encima, esta vez quizá en forma de vías clásicas de varios largos, la modalidad de la escalada que más nos motiva y satisface… No me equivoco: la euforia y motivación que se nos ha despertado habilita el cauce a través del cual planeamos, ya de nuevo en el Ramallar y con la última cerveza, la siguiente actividad: subir al peñón la próxima semana a proposición de Mario, en la que buscaremos una ventana de buen tiempo que nos preste buenas condiciones meteorológicas, necesarias para la actividad. Si, si, señores y señoras, al Peñón de Ifach me refiero, el de Calpe, el de toda la vida, si, con sus considerables 250 m de altura aproximada de pared caliza, repartidos en 6 o 7 largos, con cacharreo incluido en algunos pasos… Aunque no sería la primera vez que lo hoyamos en temporadas anteriores de nuestras vidas deportivas, las vías del Peñón, aún las más sencillas, suponen ahora, al menos para mí, un compromiso considerable, hablar de palabras mayores. Todo un reto. A por él.
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