viernes, 9 de septiembre de 2016

Campaña Barrancos 2016. Sierra de Castril...

Como todos los años, septiembre es el mes elegido para llevar a cabo la campaña de barrancos del Tracalet. Para este año la zona elegida fue la Sierra de Castril. En esta ocasión el grupo estuvo formado por Loli, Andrés, Diego, Jordi, Mar, Jose Ángel, Toni, Lucía, Jose Luis, Arturo, Salva, Carlos Capitán y Roberto.

Después de la gran ola de calor que habíamos pasado unos días antes y con la información que teníamos de que el barranco de la Bolera estaba seco, a muchos nos asaltaron las dudas sobre la zona elegida para la campaña de este año.
Allí pudimos comprobar que los barrancos son preciosos y muy recomendables. Con respecto al calor, al ser un clima más seco que el que tenemos en Valencia, se llevaba bastante bien. Así que una vez terminada la campaña, podemos decir que la zona estuvo genial.


Viernes 9 de septiembre

Para el primer día se habían planificado dos barrancos, el Seco y el del Buitre.
Salimos por la mañana hacia el río Castril. Allí recorremos sus pistas de tierra hacia el barranco Seco y comprobamos que se puede hacer combinación de vehículos. Al hacer esta combinación la aproximación nos cuesta aproximadamente una hora, casi la mitad de lo que indicaban las reseñas. Un buen tramo de la aproximación es sin senda definida, pero a mitad de subida se encuentra una senda marcada con hitos. Continuamos subiendo, siguiendo los hitos hasta las ruinas de un cortijo con una era.
Desde aquí ya sólo queda bajar al cauce, por el que caminamos hasta llegar al primer rápel.

Se decidió que este barranco lo instalaría la gente con menos experiencia, así que se estuvo explicando las posibilidades que tenía cada rápel.
















Su descenso nos costó unas tres horas y está compuesto por doce rápeles, siendo el más largo de 25 metros. Durante el barranco se van alternando tramos encajados y muy formados con otros más abiertos, pero también interesantes.



Al terminar aprovechamos para comer y para decidir qué haremos a continuación.
Después de hablarlo un poco, llegamos a la conclusión de que vamos a hacer la Cerrada de Lezar, parte inferior del barranco del Buitre.

Para la Cerrada de Lezar hay que dejar los coches en el cortijo del mismo nombre. El acceso es casi inmediato y ya en el cauce con un rápel de unos 5 metros se accede a la cerrada.
Este barranco está todo muy encajado y formado. Las paredes son de caliza blanca, altas y muy pulidas, recordando al Barranc de l' Infern en Alicante.
Este descenso consta de 6 rápeles, el más alto de 25 metros. Es seco aunque en la base del último rápel hay una gran surgencia. Al hacer este último rápel es imposible no mojarse, llegando el agua hasta el pecho, aunque al salir de la badina se observa una instalación que puede servir para realizar un guiado, de todas formas nos mojaremos hasta las rodillas.

Hacer este barranco nos costó más o menos hora y media, a lo que hay que sumarle 15 minutos de retorno
Es precioso y altamente recomendable.


Después de un día intenso de barrancos, nos vamos a la Gran Casa que teníamos alquilada para preparar la gran cena que nos espera, una gran “torrà” que no pudo salir mejor.

Pasamos una noche estupenda tanto por la cena como por la compañía, aunque por supuesto también ayudó el pacharán y una sangría muy rica.




Sábado 10 de septiembre

La Bolera fue el barranco elegido para el segundo día de la campaña.
Hicimos la combinación de coches y seguidamente fuimos al lío.
Se entra por la pared del embalse.

Hay unas escaleras que te dejan en el cauce.

El barranco estaba seco y no corría el agua, pero aun así mantenía algunas pozas, por lo que la mayoría cogimos el peto del neopreno o neoprenos cortos.
La primera poza la encontramos muy cerca del inicio, más o menos debajo del puente de la carretera, se accede a ella por medio de un rápel.


Antes de bajar nos ponemos los neoprenos, ya que hay que mojarse sí o sí.

Continuamos y pronto damos con un largo pasillo, en el que unas preciosas chorreras caen por el lado derecho del cauce, quizá el rincón más bonito del barranco.
@Diego Caballero

@Diego Caballero
@Diego Caballero


@Diego Caballero
Pasando las chorreras damos con una serie de pozas con el agua muy limpia, son bastante largas así que tenemos que nadar un buen rato.


Se termina el trozo en que nadamos para encontrar un tramo abierto, con pozas de agua sucia y estancada que rodeamos por el lado derecho.







De ahí al final ya prácticamente no encontramos agua.
El barranco se vuelve a estrechar y deja ver en la roca multitud de formaciones creadas por el agua.




Continuamos avanzando por el barranco hasta que se abre completamente. En este punto cogemos una de las sendas que sale por el lado derecho, en unos 15 minutos llegamos a una pista. En esta pista avanzamos hacia la izquierda y en unos 5 ó 10 minutos llagamos al coche.

Después del barranco de la Bolera algunos nos quedamos con ganas de más, así que decidimos ir a bajar los dos últimos rápeles del barranco de la Magdalena.
Este barranco se encuentra en el Valle del río Castril  y está en la misma vertiente donde estaban los realizados el viernes.
Accedemos con el coche por una pista indicada como Cerrada de la Magdalena, la seguiremos hasta el final y aparcaremos cerca de unas casas. Retrocederemos un poco por la pista para subir por una clara senda, que en unos 10 minutos nos deja en la surgencia del final del barranco.
Desde aquí nos toca trepar hasta una cornisa equipada con pasamanos y en unos diez minutos más nos metemos en el cauce.
El primero de los dos rápeles, de unos 24 metros, nos deja en una marmita residual, donde pudimos comprobar la gran agilidad de la gente de Tracalet, ya que haciendo un péndulo todos logramos evitar meternos en el agua.

Después del segundo rápel, de 18 metros, ya sólo nos queda volver por la misma senda de antes hasta los coches.

Como no podía ser menos, esta noche también íbamos a pegarnos una buena cena.
Se hicieron dos paellas, una por Carlos Capitán y otra por Arturo. Las paellas estuvieron riquísimas y la noche fue genial.







Domingo 11 de septiembre

Para el último día nos esperaba el barranco de Túnez.
Por última vez volvimos al Valle del Castril. Recorrimos en coche la pista de tierra principal hasta llegar al cortijo del Nacimiento, donde ésta se acaba. Allí aparcamos junto a una gran tubería, desde donde se puede ver la gran grieta que forma la parte final del barranco.
Para la aproximación hay dos opciones, una más corta que sube por una empinada pedrera o ir siempre por el sendero del Cerro de la Empanada, nosotros elegimos el sendero. Aunque seguramente más suave que subir por la pedrera, el sendero también es algo duro, pues es casi todo en subida.


Después de una hora y cuarto llegamos por fin al cauce, por el que avanzamos durante una media hora hasta llegar al primer rápel.
Nos equipamos, comimos algo, nos hicimos unas fotos de grupo y al lío.
Al principio el cauce es abierto y se pueden ver grandes pedreras a ambos lados, por las que se podría intentar escapar en caso de necesidad.
Más o menos a mitad del barranco encontramos un rápel que nos deja dentro de una poza con agua, menos mal que no cubría apenas.
Continuamos por el barranco hasta una zona en que ya se estrecha. Aquí las paredes son de una caliza blanca muy pulida y con unas formas muy bonitas.
Por fin llegamos a la grieta que se ve desde el parquin. Se trata de una serie de rápeles con repisas bastante grandes, en las que caben varias personas.

El rápel más alto de todo el barranco es el último, con unos 30 metros de altura.






















Mientras hacíamos cola para bajar este rápel, empezamos a oír unos gritos de los compañeros que teníamos abajo. Arriba no sabíamos qué pasaba y empezamos a imaginar que el agua que había al final del rápel era mucha más de la que nos esperábamos. Pensábamos que los gritos venían de lo fría que estaba el agua, ya que no íbamos preparados para mojarnos. Cuando por fin nos iba tocando rapelar, veíamos como el agua no cubría ni por la rodilla. Por fin sabíamos lo que pasaba.
Como si fueran zombis de Walking Dead, los compañeros de abajo se abalanzaban sobre los que iban bajando, para entre risas y gritos, mojarles a base de bien.




Así, bien empapados, empezamos a hacer el retorno y en unos 20 minutos llegábamos a los coches, para dar por concluida la campaña de barrancos de 2016.


Redacción: Roberto