viernes, 25 de marzo de 2011

Pasados por agua en Guara.....

Una vez más nuestro destino fue Guara, coincidiendo con la llevantada de ese fin de semana.

Para este fin de semana, se programó y con bastante antelación una salida a La Cueva de Valporquero
En las últimas horas previas al viaje, se canceló por precaución. Existía un fuerte temporal que azotaba la Península de sur a norte, no queríamos riesgos "Valporquero siempre estará".

Diego, como no puede estar quieto el fin de semana que le "dan libre", rápidamente se ingenió un nuevo destino. Yo, no me pude resistir a la tentación, aunque la previsión de lluvia en Guara era peor que en León.
Nos enrolamos a la aventura junto con nuestros compañeros Jose Luis y Popi "El Calleja de Navarres".


Viernes 11 de Marzo.
Salida a las 19:00h desde nuestro punto habitual, Ca Navarro.
Era el primer fin de semana con la limitación de velocidad a 110Km/h. Si a esto le sumamos la lluvia y la nieve que pillamos en Teruel..... nuestra hora de llegada a Alquezar fue casi 01:00h, eso sí, hicimos una visita turística por Huesca capital......


Sábado 12 de Marzo.
La madrugada anterior nos acostamos lloviendo y nos hemos levantado lloviendo. Nuestro gozo en un pozo....
Después de desayunar fuimos a evaluar los caudales de los principales barrancos.
Llegamos al parking típico del Rio Vero y bajamos a ver como iba. El agua bajaba muy sucia y la marca del puente estaba por 55cm y seguía lloviendo.

Los barrancos que pretendíamos descender, normalmente son secos, Basender, Portiacha y Argantín, pero la salida de los mismos es cruzando el Vero. Hay que cruzarlo hasta en tres ocasiones para poder cojer la senda de retorno, aquí es donde se podía complicar la cosa.



Volvimos al parking y nos enfundamos los neoprenos. Empezamos nuestra aproximación al Basender. Al pasar de nuevo por el puente la regla ya indicaba 60cm y subiendo.



Barranco Basender.
Estos estrechos (mejor decir garganta) son una muestra inmejorable de la realidad rocosa y umbría del Parque de Guara. La vegetación y la profunfdidad proporcionan un frescor agradecido en verano, tan contrastado con el exterior. A su vez la caliza revela la naturaleza petrea de la montaña, no hay vegetación molesta, el interior es puro vegetal. Tampoco hay agua, pero ¿alguien se atrevería a echarla en falta en un sitio como este?.
Enrique Salamero.

Encontramos algún hilo de agua pero sin ninguna importancia. Bonitas formaciones con grandes salas y muy excavado tal y como relata Enrique en su libro.




A unos cincuenta metros del último rapel nos encontramos de nuevo con el Vero y sus aguas sucias debido al arrastre de sedimentos. Pudimos cruzar las tres veces sin problemas y al pasar de nuevo por el puente, el nivel del agua había subido a 65cm y aun nos quedaba cruzalo seis veces mas.
Desde el puente iniciamos la aproximación a nuestro siguiente destino, barranco de Argantín.






Barranco Argantín.
Justo antes de desembocar  en el inicio del cañon del Vero, este pequeño torrente pedregoso se excava en un brevísimo estrecho, limpio de vegetación y con unos manantiales permanentes a su final.
Enrique Salamero.


Corto pero intenso.

























Cuando llegamos a cabecera nos sorprendimos al ver el agua que corría, normalmente está seco.
La primera instalación bajo el agua, la segunda también y con bastante movimiento, cosa que nos permitió desafiar las leyes del agua y pasar un momento por la centrifugadora.



Supongo que sin agua no será lo mismo.

De nuevo su desembocadura, al Vero.
Desembocadura Argantin.



Esta vez se apreciaba mas caudal. Lo aprovechamos para progresar aguas abajo y poder cruzar. Una vez mas llegamos al puente y el nivel subió a 70cm. Nos queda cruzarlo tres veces.
Pasamos por el coche y aprovechamos para coger energía y rápidamente en busca ne nuestro tercer barranco del día, La Portiacha.


Barranco Portiacha.
El apenas marcado curso de este barranco depara una sorpresa cuando entra en contacto con el Vero. De un solo golpe cae en la cerrada depresión que le ha capturado para escapar justo despues por una hermosa fisura. Y así, por una breve distancia, toma carta de naturaleza y entra a "formar parte de los elegidos". Efectivamente así es, este pequeño recorrido guarda pocas pero escogidas belleza.
Enrique Slamero.


Bastante vertical comparándolo con los anteriores. Dos rápeles casi seguidos de unos 35m para después desembocar de nuevo en nuestro querido Vero.





Esta vez si que tuvimos que cruzar prestando un poco mas de atención, el agua con sus sedimentos ya llegaba a arrastrarnos. Lo pasamos sin complicaciones.





video



En el último paso y definitivo por el puente, el agua ya estaba en 80cm........






Llegamos al parking, nos cambiamos bajo la lluvia y a tomar nuestra merecida cena.

Tiempo total de actividad, 6h.

Espacio que nos prestó el Albergue.




Domingo 13 de Marzo.
Después de la tempestad llega la calma. Cielo despejado y sol radiante.
Nuestro objetivo, barranco de Sarratanas y Palomeras del Fornocal. Barrancos en conglomerado y los dos, afluentes del Fornocal.

Barranco Sarratanas
Además de las Palomeras aquí se encuentra otro barranco corto y bien configurado. Sarratanas pasa inadvertido desde este punto, pero se revela con claridad cuando la carretera pasa por el alto valle. A su final, cuando ya se avista a lo alto la arcada del puente, hay una sensación de verdadera profundidad.......
Enrique Salamero.




Aproximación corta pero bastante expuesta. Transcurre paralelamente por su izquierda ortográfica a bastante altura del cauce, con una visión impresionante de todo el barranco.






El primer tramo el cauce es abierto, aunque cuesta bastante progresar en este tipo de barrancos. Dio bastante juego con saltos, toboganes, etc, etc.



Llegamos a la última parte donde el cauce da un giro radical a izquierdas, se mete entre paredes y da comienzo la verticalidad y el agua. Es como estar en las entrañas de la Tierra.

 
 























Muy bonito y para repetir sin duda. Su desembocadura es en el Fornocal, debajo del puente de la carretera de Colungo. Ahora toca remontar la impresionante pared para llegar a dicha carretera. De aquí emprendemos la aproximación hasta el Palomeras del Fornocal.























Palomeras del Fornocal
Este barranco enseña la extraordinaria belleza y originalidad de los barrancos en conglomerado. Llama poderosamente la atención ver, desde el puente de la carretera, como el cauce sinuoso se va excavando profundamente hasta desaparecer en el interior de una griete oscura y misteriosa. ¿Hay acaso una mejor imagen que defina la esencia y atracción de los barrancos?
Enrique Salamero


Tal y como nos describe Enrique Salamero, impresiona ver la grieta desde el puente, es casi imposible que quepa un ser humano por tal estrechez. Eso no es todo, la grieta que se ve parece que no tiene mas de cuatro metros de profundidad, pero una vez dentro podemos ver la grandiosidad de la grieta, puede tener hasta treinta metros de profundidad.





En muchos de los casos apenas entra la luz del sol, esto mezclado con las paredes negras de conglomerado y las cascadas con el agua corriendo, hacen de este baranco uno de los mas bonitos de toda la Sierra de Guara.
























La aproximación la empezamos desde el parking del Sarratanas, subiendo por la carretera asfaltada hasta el siguiente puente que cruza este barranco. Desde el puente y hasta el cauce no son mas de 10 minutos.




Salimos de nuevo al Fornocal y vuelta a remontar la pared hasta encontrar el coche.
Nos cambiamos y nos dirigimos a comer a Huesca, de aquí a casa.

Tiempo total de actividad, 4h.


Redacción: Andrés.

domingo, 20 de marzo de 2011

Moncayo Expres

Siempre que se puede por esta época invernal, planeamos una serie de viajes rumbo a las cumbres pirenaicas. A principios de semana planificamos nuestro objetivo: ascender el Garmo Negro. Era nuestra segunda intentona, ya que a finales de enero de este año, tras haber pernoctado en el refugio de Casas de Piedra (Baños de Panticosa), nos tocó regresar a Valencia,. Una vez madrugado abortamos la misión debido a las inclemencias del tiempo: niebla y lluvias.
En la mayoría de las disciplinas no se siempre se cubre el objetivo al primer intento, hay factores, en montaña principalmente son los meteorológicos, los que impiden coronar con éxito nuestro propósito, pero esto nunca nos amedrenta, todo lo contrario, nos anima a buscar y señalar un hueco en nuestro ajetreado calendario y quitarnos esa espinita se nos ha quedado en nuestro interior. No es una revancha, porque la montaña siempre está ahí.


Bien es cierto que siempre nos queda el dicho de que a segunda va la vencida…..hay ocasiones que tres, pero eso es otro cantar felizmente con creces superado.

Esta vez esperábamos cumplir el objetivo, pero las predicciones, que daban nieve a principios de semana, se cumplieron y el espesor de nieve subió de forma considerable, dándose casos en los refugios en que el jalón se encontraba entre 1 y 2 metros. A pesar de ello esperamos al último boletín de nieve y avalanchas facilitado por la meteo que viene que suele dar los jueves por la tarde y contactar con el guarda del refugio de Casas de piedra para que in situ nos comunicara el espesor de la nieve o si había huella. Malas noticias, una de cal y otra de arena, el cielo iba a estar despejado durante todo el viernes y sábado (sol) empeorando un poco el domingo, en cambio por las nevadas recientes las condiciones de inivación no eran buenas (riesgo fuerte de aludes:4). Jueves noche: Viaje a Pirineos cancelado.

Pues nada, nos tocará acudir a la cena-reunión del Tracalet del viernes por la noche y ver como se presenta el finde y planificar la programación del mes de marzo.
Era viernes, ya había acabado la jornada laboral y tras comer, como no tenía nada que hacer, no pude perdonar nuestra arraigada costumbre como es la siesta nacional. Después de tan ardua tarea (la verdad: que sufrida es …..jejeje si no la haces claro) me planté delante del ordenador. Me puse a divagar- decir que durante todo el día tenía un runruneo de hacer algo- y como no se podía ir a Pirineos me vino a la cabeza la cumbre del Moncayo, accedí al portal web de la ruta michelín y me indicó que el santuario del Moncayo se encontraba a no mas de 4 horas de coche.
Eran las 18:30 horas y llamé al primo Jorge comentándole el chance, sólo risas salían de mi terminal y en menos de un minuto ya tenía convencido a Jorge y puesto en marcha el Moncayo expres.
Tan solo restaba comunicarle la jugada al señor secretario para que abandonara sus funciones y partir esa misma noche rumbo al Santuario.
Tras aceptar, Guillermo le comunicó la jugada a nuestro presidente ya que uno tiene que asumir sus responsabilidades. Perdonar por no haberos suministrado el pacharán esa noche pues era mi intención pasar a dejarlo y luego marchar rumbo a la autovía mudéjar (estaba comprado junto a los vasos) pero el secretario ya había acudido a Vinalesa a entregar las tarjetas federativas y ya no acudiríamos.

Finalmente salimos pasadas la diez y media (Jorge no encontraba su cartera) y sobre las 02:45 horas legábamos al santuario del Moncayo. Bonita vista nocturna desde el santuario, divisando las luces de las poblaciones cercanas bajo un cielo estrellado. Escogimos cada uno nuestro vivacs y a dormir que la diana tocaba las 06:50 horas.
A nuestro despertar, el día se encontraba amaneciendo ofreciéndonos una bonita vista de la cordillera pirenaica. (foto 1) Desayunamos, nos preparamos y sobre las 07:45 horas a empezar. La ruta de ascensión desde el Santuario (provincia de Zaragoza) no la conocíamos. En nuestra anterior visita en el año nuevo del 2010, la salida la hicimos desde el municipio Cueva de Ágreda (Soria). Tras haber hecho cumbre en el Cerro de San Juan (2.283) y puestos a encarar la arista del Moncayo, tuvimos que abandonar. Una imagen vale más que mil palabras

Nada tenía que ver el clima de nuestra anterior ascensión con el día que nos estaba acompañando. Tras salvar un breve desnivel de aproximadamente 100 metros por entre el bosquecillo, de pronto nos encontramos con el circo de San Miguel. Desde aquí teníamos dos opciones, ascender por la ruta normal cara al Cerro San Juan, por la izquierda del circo, o la opción por la arista NW. Nosotros escogimos la segunda opción dado que era nuestra intención hacer una ruta circular. La ascensión por la arista NW es un poco más dura, de fuerte y continuada pendiente. Cada metro que ascendíamos y nos girábamos, nos deparaba una panorámica más maravillosa de los Pirineos.

En menos de 2 horas nos encontrábamos en la cumbre del Moncayo (2.316m) Como de costumbre hacía un fuerte viento, pero la vista del horizonte hacia sus 4 puntos cardinales es extraordinario: la depresión del Ebro, El Urbión y el la Cebollera, el Sistema Ibérico aragonés, los Pirineos y por último la Meseta Castellana y el Sistema central.
Éramos los primeros en hacer cumbre, cuando nos dirigíamos hacia el Cerrro de San Juan (2.283m) nos cruzamos a una persona acompañada por su perro. Desde la cumbre, la ruta nos dirigía hacía la Morca (2.283m) para luego alcanzar el Lobera (2.227m) donde nos avituallamos y descendimos por la loma dirección hasta el collado del Bellido. A una poca distancia de llegada al collado a fin de encararnos de regreso al santuario (a una hora de distancia), divisamos a un cazador.
Malas noticias, estaban de batida de caza mayor, justo a cada lado de nuestro sendero de regreso. La única opción que nos quedaba era retornar por el GR-90.1 una hora adicional.
En el camino por el Gr, aparte de los cazadores que estaban apostados, nos acompañó hasta la fuente de los frailes Javier, un lugareño de Tudela que se conocía la Sierra del Moncayo y que acudía frecuentemente por allí los fines de semana.
Tras unas dos de recorrido y de charreta por el Gr y un último desnivel de 300m desde la fuente llegamos hacia las 14:45 horas al Santuario. Mientras degustábamos nuestro pic-nic vimos bajar de la cumbre a multitud de senderistas que habían aprovechado como nosotros el maravilloso día invernal.
Tras comer, pronto retomamos el regreso hacia Valencia llegando sobre las 19 horas, apenas 20 horas desde nuestra salida del viernes noche. Esto es un sábado bien aprovechado.

Participantes: Jorge, Guillermo y Raimon
Redacción y fotografías: Raimon

lunes, 14 de marzo de 2011

Sima Aliaga

19 de Febrero de 2011
Esta vez si, pudimos llevar al rastreador más famoso de tracalet PIT para que nos encontrara la sima. Y así fue.

Por Noviembre, ya se quiso realizar esta actividad pero con la escasa e inexacta descripción de la aproximación no logramos encontrarla. Solo nos sirvió para aprender que aunque aparentemente este claro no debemos de ir sin unas coordenadas. Víctor se preocupo de ello al día siguiente, y no dudo en pedírselas al club de Espelo de Castellón que muy amablemente nos la facilitaron.

Con las Coordenadas en la mano, el curso reciente de topografía y gps y Pit como acompañante, nada podía fallar en el segundo intento por encontrar esta sima.


Casi llegando a lo que seria la aproximación monte a través, por el camino forestal se encontraba una colmena que yo ya no recordaba cuando fui la primera vez al no haber ataque, pero en esta ocasión si la hubo, vaya si la hubo. Pudo ser evitable pero los mendas (Jose Angel, Pit y Carlos) que iban de copilotos en los vehículos decidieron ir a pie el trozo de camino forestal. A su paso, o ibas calmado como si no pasara nada para no levantar revuelo ó pasabas zumbando dándote leches a ti mismo para que te picaran las menos posibles. Y así fue. Lastima que no disponíamos de una instantánea del ataque brutal de las abejas asesinas.

La aproximación por el monte fue directa aunque algo incomoda por la gran cantidad de aliagas como hace mención a la sima. El Pit de avanzadilla sin gps en la mano fue como un lazarillo en busca de su hueso, no dudo ni rectifico durante su camino ¡IMPRESIONANTE! Serán las picaduras de las abejas que le habrán dotado de super poderes…¿?

Pit haciendo uso de su flamante cámara>>
Ya en la sima, nos pusimos a instalar. Teníamos la intención que seguir la primera opción de dos que tiene ya que era más técnica por un largo pasamanos. Pero ya sabéis que los de tracalet pocas veces acaban las cosas como dicen las reseñas, y nos fuimos por la opción del medio, ni la A ni la B, por el medio. Es verdad …que estuvimos mirando pero no hubo forma de encontrar los spits del puñetero pasamanos.
El resto de la cavidad se hizo sin problemas y estaba muy bien. En su última Sala era como una caja de sorpresas. Un cráneo de cabra en medio de la sala, aquello parecía que habían invocado al diablo, una pequeña sala adjunta con grandes y bonitas formaciones, y unos murciélagos descansado de unas estalagmitas que por su accesibilidad pudimos contemplarlos a escasos centimetros, pudiendo hacer fotos con las cámaras en la opción de supermacro. Después de las fotos nos pusimos a remontar para salir.

El retorno fue tb interesante, ya que Jose Angel, en la aproximación localizo una boca en la que no había rastros de spit y todos desconocíamos que hubiera otra sima cercana. Todo apuntaba que era una posible entrada a la sima Aliaga pero la orientación de esta era otra. De nuevo el Pit su afán de desvirgar cuevas, sin pensarlo ni un momento se tiro de lleno. La escena fue lo más parecido a cuando vas a practicar el sexo después de una larga sequía… bueno no entro en más detalles. El caso es que, terminaba a los 2 ó 3 metros pero tenia fisuras con corriente de aire que desescombrando podría tirar más. Y puesto que le supo a poco las picaduras de las abejas a nuestro compañero Pit, por no tomar precauciones, va y en su marcha atrás le pica algún insecto que le hizo tener que visitar al médico.

Os dejo un film de la actividad, realizado por PRODUCCIONES PIT
video

COORDENADAS: Proyección U.T.M. Datum Europeo 1979
Zona:30S X:695413 Y:4416769 Z:1050 m.s.n.m.

Readacción: Arturo
Fotografía: Guillermo
Video: Producciones Pit

domingo, 6 de marzo de 2011

Tunel dels Sumidors. Y el sifón......?

Decidimos ir a esta cueva por los buenos ratos que ya pasaron no hace mucho un grupete de compañeros de Tracalet. Esta vez conseguimos animar a más gente, incluso alguno repitió de la última vez.

El grupo lo formamos Miguel Angel, Guillermo, Carlos, Popi, Pit, Manu, Jhonatan y Yo (Arturo). Todos sabíamos que la aproximación era corta pero dura, llegamos a la boca en dos grupos los que tiran para delante pero que a veces acaban perdiéndose y los rezagados que ven como los de delante se equivocan y consiguen ponerse en cabeza aunque por poco tiempo, ...bueno, esto no fue lo que paso. Esta vez fue los rezagados que nos perdimos, yo iba en ese grupo y después de perdernos y lo que nos costó subir, la avanzadilla ya estaban acabando de almorzar.
Nos enfundamos los trajes de neopreno y para dentro. Todos estábamos animados a pasar un sifón de la que hace famosa esta cavidad aparte de ser la cueva más profunda a nivel mundial desarrollada en yeso.

Avanzábamos por el túnel y era alucinante la cantidad de agua que caía por las paredes, estalactitas... en particular en uno de sus pozos parecía que llovía a mares. Pero no parecía suficiente, conforme descendíamos no parecía que fuera cargada de mucha agua. 

Llegamos al primer sifón que se podía pasar sin problemas. Ahí Guillermo nos advirtió que la última vez que vino el sifón estaba más tapado. Pero las ganas no decayeron, queríamos pasar el último sifón que se encuentra casi al final del túnel.

Ya llegando al sifón se confirmaban las sospechas, NADA de agua. No pudo ser, dimos media vuelta y para fuera. Aunque no hubo sifón, la actividad merece la pena y se te queda esas ganas de volver a ir para pillarlo con agua por lo que seguro que habrá otra visita.

Redacción: Arturo

Barranco Capellanes

Nos juntamos un 6 de Marzo, Bea, Irene, y yo, para hacer este barranco, en la localidad de Jalance, cerca de la central de Cofrentes. Era la segunda vez que intentábamos hacerla, pues la primera nos equivocamos, primero de camino y más tarde de barranco, se nos hizo tarde y tuvimos que volvernos a casa.

Esta vez lo encontramos a la primera, gracias a unos senderistas que habían por la zona y nos indicaron el camino. Bueno. Tras andar un rato por el cauce llegamos al primer rapel. Los rapeles están bastante seguidos, pero no coinciden con ninguna de las dos topos que tenemos, y eso nos da por saco.

Después de una sucesión de rapeles sin gran importancia, llegamos al último de 30m en el cual nos entra la risa tonta a los tres y que baja hasta el mismo rio.



Tras este ultimo rapel, nos espera un tortuoso camino de retorno, campo a través, ya que cualquier senda que pudiera haber, se pierde bajo los matorrales. Y aquí llega a su fin esta jornada barranquista.
  
Redacción: Javi Metal

jueves, 3 de marzo de 2011

Trummelbach

Cuando hablamos de un descenso de compromiso, tendemos a resaltar alguna de sus facetas más extremas. Verticalidad, caudal, envergadura… es lo que da carácter al cañón. Aventurarse en estos abismos al descubierto, serpentear entre sus meandros, lidiar con sus aguas y superar cada uno de sus obstáculos es como seguir el complejo trazado de una rúbrica inimitable… la firma que da valor a nuestra osadía.

Pero… ¿qué tiene Tummelbach para que de la noche a la mañana, esté considerado como uno de los barrancos más comprometidos de Europa? No tiene grandes rápeles, su caudal que puede ser desorbitado en época de deshielo, es asumible con las condiciones adecuadas. Su aproximación es sencilla y su duración no excede las 5 horas. Y sin embargo, representa uno de los últimos desafíos barranquistas.

Es difícil dar una respuesta contundente. Quizás, para entender las particularidades de este barranco deberíamos añadir una 4ª dimensión de dificultad., la que recoge la severidad de las condiciones ambientales.

Igual que en el ámbito de la montaña está plenamente aceptado que no es lo mismo ascender una cumbre en verano que en invierno, en el barranquismo ocurre lo mismo, aunque el colectivo todavía no ha tomado plena conciencia de ello... las invernales de los principales descensos están todavía por realizar. La diferencia es que Trummelbach no tiene la opción de verano. El caudal de este cañón se alimenta de una cuenca que alcanza los 24 km2, la mitad de los cuales están ocupados por las grandes masas de hielo de los glaciares del Eiger (3.970m), Mönch (4.099m) y Jungfrau (4.158m). 20.200 toneladas de detritos rocosos son arrastrados por sus gargantas cada año. En plena fusión glaciar, las fauces del cañón son capaces de drenar 20.000 litros por segundo en forma de una abobinable lengua de agua que se abre paso a gran velocidad entre meandros y marmitas, llenando cada rincón de rabiosa espuma y estruendo. Todo un espectáculo para el ser humano. Por eso se hace necesario esperar a que bajen las temperaturas y cese la fusión glaciar para poder descender este fabuloso cañón Suizo.

Trummelbach exige de condiciones invernales para su descenso que sumado al origen glaciar de sus aguas, la oscuridad de sus pasajes más angostos y la precariedad de las instalaciones, convierte en toda una odisea aventurarse en esta garganta. Para los que vivimos a más de mil quilómetros de su cabecera, esperar sentado a que lleguen las mejores condiciones para descenderlo es complicado. Es cierto que hay una estación, la que precede al invierno que es la más oportuna. Pero de ahí a dar en el centro de la diana y acertar cuál va a ser el día más adecuado… es casi imposible. Por eso, cuando emprendimos nuestro camino y empezaron a correr los quilómetros de”la Pacheca”, fue como tirar los dados. Y sólo cuando llegamos a los pies de sus montañas, dejaron de rodar…

Con el ánimo congelado como la nieve que reposa en los arcenes, llegamos a Lauterbrunnen. Nieve, mucha nieve por los alrededores y pocas esperanzas de encontrar el barranco en condiciones. Despues de tantos quilómetros, también a nosotros se nos iba a escapar la oportunidad de conquistarlo.

Un enorme letrero de “Trummelbach Falles” nos da la bienvenida. Aparcamos a sus pies y ya caminando nos acercamos hacia al río. Durante unos instantes nos quedamos mirando el discurrir del agua. El caudal no parece tan bravo, no ruge, no hay espuma… y la placidez con la que lo vemos pasar turba nuestra paz. Estabamos más tranquilos sumidos en la derrota. Pero el caudal es viable… La idea que surge en nuestras mentes es clara: asediar la cabecera. Aunque hemos escuchado rumores de que con nieve no se puede descender, no hemos hecho tantos quilómetros para dar media vuelta sin intentarlo. Así que hacemos dos equipos. Uno se internará en las pasarelas para conocer de primera mano lo que se cuece en el interior de nuestro amigo. Amancio y yo realizaremos un reconocimiento de la aproximación he intentaremos llegar a la cabecera. Por si hay algo de cierto en los rumores, cargamos con el equipo alpino para hacer cordada si la cosa se pone fea...

Comenzamos a subir por las faldas de la montaña, siguiendo la senda excavada en la pared, acompañada de una sirga de acero a modo de barandilla. La progresión se hace cómoda y aunque a medida que vamos ganando altura la nieve suma espesor, ni si quiera vemos necesario calzar los crampones. A los 40 minutos de ascenso, la senda cambia el sentido de la pendiente y comienza a descender. Casi sin darnos cuenta, nos encontramos bajando directos al cauce. A los pocos minutos, nuestros pies dejan de pisar nieve para hacerlo sobre metal. Es el puente que cruza el barranco. El cauce queda unos 20 metros por debajo. Continua y se pierde en la oscuridad de estas imponentes paredes, acompañado de un bramido que se disipa en la oscuridad de las paredes. Amancio y yo nos miramos mientras una sonrisa se dibuja en nuestras caras heladas…

Regresamos siguiendo nuestras huellas y al reencontrarnos con nuestros compañeros no podemos contener nuestro entusiasmo. Intercambiamos impresiones sobre lo que hemos descubierto y sin demasiado debate, decidimos atacar al día siguiente. La información del interior del descenso es alentadora. Las previsiones de mañana son de una drástica bajada de temperaturas. De repente, todo parece tan buen que es casi inquietante.

-15ºC. Eso marca “la Pacheca” (la furgo de Nacho) a primera hora de la mañana. Todavía entumecidos por el frío, comenzamos el ascenso a la cabecera, lo que nos ayuda a entrar en calor. Por el camino, observamos como han aparecido chupones nuevos y coladas de hielo recubriendo paredes que ayer estaban al descubierto. Una vez en el puente, nos asomamos al cauce. Entre las sombras de las profundidades, brilla el hielo recubriendo parte del cañón. Esto no estaba ayer…

Nos equipamos y comenzamos a bajar. Encontramos la cabecera justo bajo la estructura del puente. Uno a uno, nos adentramos en este pequeño abismo que nos deposita en la primera marmita. El primer contacto con el agua es terrible… está fría como el demonio. En el rapel un crampón me cae al fondo de la poza. Mierda... Me toca sumergirme en el agua para poder recuperarlo. Hasta en tres ocasiones lo intento, sin fortuna. En un último lance, un dedo consigue engancharse entre sus correas. Ya es mío… Pero el esfuerzo no ha sido gratis. Mi cara está helada y apenas puedo articular palabra. Hasta me cuesta respirar.

A continuación sigue un resalte fácil. Más adelante, un estrecho pasillo cubierto de hielo se precipita en la oscuridad. Por la derecha, a unos 4 o 5 metros de altura se aprecia una repisa. Puede que esté ahí la instalación. Sin embargo, el hielo recubre toda la pared. Sin crampones es imposible llegar allí arriba (ya veremos con ellos…). Me coloco los hierros y trepo como una babosa coja hasta encontrar un sitio cómodo. No es fácil porque las paredes están muy pulidas y el hielo no tiene suficiente espesor como para pincharle. Pero el piolet se encuentra con una una milagrosa regleta que me ayuda a subir. Arriba busco pero no encuentro nada. La repisa se prolonga varios metros más, pero no parece lógico ir tan lejos. Mientras trato de localizar el anclaje, las primeras estructuras de hielo empiezan a caer rompiendo a nuestro alrededor. El día no va a ser tan fresco como la noche… Al asomarme a la vertical, veo tras un pequeño espolón, una anilla cubierta de una espesa capa de hielo. Picando con el piolet, la sacamos al descubierto e instalamos el primer rápel. Hemos perdido unos 15 minutos y como todo sea igual…

Continuamos salvando un tobogan, para después superar un rápel sobre un tronco empotrado que nos somete a una refrescante ducha. Después, un pasillo estrecho desemboca en un sector donde el barranco se abre al exterior, entre las imponentes paredes calizas. De nuevo hielo y nieve nos acompañan entre las aguas glaciares. Tratamos de llevar un buen ritmo para que el frío no termine de calarnos en manos y pies, pero es casi imposible. Maniobrar con las cuerdas congeladas es odioso. Al pasar por nuestros dedos, el frío nos cala hasta los huesos.

Continuamos salvando resaltes, rápeles, pasillos y marmitas. En ocasiones la localización de los anclajes se hace realmente complicada por la presencia de hielo o por su sorprendente ubicación, casi siempre a salvo de crecidas. Las instalaciones, en su mayoría monopuntos, se encuentran ubicadas muy cerca de la vertical. Con la superficies cubiertas de verglass y moviéndonos de forma casi independiente, asumimos más compromiso del que deberíamos. Cada dificultad es como una huída a la desesperada. Nuestros pies empiezan a acusar el agua glaciar (1ºC). El frío hace que los mosquetones no abran, que las cuerdas se vuelvan duras como palos y que los cierres de las mochilas queden inutilizados.

Llegamos a los rápeles de acceso a los oscuros. Encadenamos una serie de repisas laterales que terminan en la cabecera de un R40. Al llegar a la reunión colgada, esperamos a que llegue Amancio. De repente escuchamos unos gritos. Hay problemas. Amancio, mientras trataba de alcanzarnos, ha resbalado en una placa de hielo, cayendo sobre la vertical. Por fortuna ha quedado colgando de la cuerda que permanece anclada al “palomar”. Con el gesto desencajado, consigue llegar hasta nosotros. Pero no hay tiempo para contar esta batalla. En este punto el frío se siente con más intensidad. Nacho y yo que ya estamos tiritando continuamos bajando hasta una marmita lateral que ahora se encuentra seca… es casi un oasis de paz en mitad del infierno. A escasos metros el agua se precipita violentamente en una especie de geiser horizontal, estampándose contra la pared y callendo sobre una marmita colmada de hielo. Tras recuperar las cuerdas, saltamos a la poza y salimos como podemos de esta gigantesca copa granizada.

Click … llegamos al inframundo. Encendemos las frontales. De repente la oscuridad invade las entrañas del cañón. Las paredes se elevan hasta perderse en la nada, alejando cualquier atisbo de luz. Avanzamos entre penumbras, bajo rápeles que escupen agua helada a nuestras espaldas y entre perturbadoras marmitas que nos quitan el aliento. Los rápeles más sencillos los miramos con auténtico espanto… El hielo desaparece para reaparecer a los escasos metros. Algunas reuniones se encuentran sobre plataformas heladas tan resbaladizas que se hace necesario colocar las mochilas para no resbalar. Algunos rápeles se pierden en la oscuridad, más allá de nuestras frontales aguardando sorpresas en cada recepción… ir de primero nunca sale gratis.

Por fin nos reencontramos con la luz en un tramo donde las paredes toman distancia. Reaparece el hielo en las cascadas recubriendo como un spray la base de las marmitas. La nobleza y el espectáculo de algunos pasajes pasa desapercibido a nuestros ojos que sólo saben mirar hacia adelante. Sin duda este no era el barranco que vimos ayer. El hielo y el agua, que ahora corre con más fuerza por la fusión diaria, han modificado el barranco. En algunas pozas, el hielo batido es tan espeso que apenas nos deja movernos. El esfuerzo de superarlas, sumado a las congelaciones que ya sufrimos en los dedos nos sume en un auténtico calvario en esta recta final.

Llevamos unas 5 horas de actividad, sumidos en el intenso frío de este particular noviembre suizo. Cualquier accidente en Trummelbach tendría difícil desenlace, así que extremamos la prudencia. Por fin, al fondo, en el espacio que queda entre las paredes descubrimos la silueta de una montaña. Es el último pasillo antes del rápel final. Al asomarnos ya podemos ver a Jorge esperándonos impaciente. En la marmita final todavía el hielo nos pone las últimas trabas, obligándonos a romperlo a base de puñetazos para poder llegar a la orilla.

No se si hemos aprendido algo de este descenso. Nacho, tras varias semanas todavía no había recuperado la sensibilidad de las manos. A mi me bastaron unos 10 días… algo más costará olvidar los pasajes más oscuros de esta aventura.

Y es que todos los barrancos tienen su temperamento. Nuestra experiencia no será comparable a la de cualquier otro equipo que se tercie a entrar. El caudal, la temperatura, el equipo… el destino. La suma de todo hará que sea más fácil o incluso imposible. Suiza todavía tiene auténticos desafíos de agua y hielo que sin duda, no defraudarán al más osado, así que…

…que rueden los dados.